25.8.05
19.8.05
Sobre la roba
Extret de elsentidodelavida
En general soy de pocos gastos, pero desde luego consumo menos en ropa que un ciego en novelas. No me importa gastarme 300 euros en un monitor TFT (al fin y al cabo es por mi salú), pero me cobran 30 euros por un suéter y pongo el grito en el cielo. Si me parece caro comprar ropa por el precio que vale, ni te digo ir a comprarla en plena temporada o darme un simple paseo consumista.Más de la mitad de la ropa que tengo data de hace más de cinco años: tengo unas botas, que todavía uso, que tienen unos diez años; los dos vaqueros que uso con más asiduidad tienen 6 y 7 años respectivamente, y el resto del vestuario no va precisamente a la zaga. Como es lógico, está todo hecho polvo: las botas han visto días mejores, los vaqueros empiezan a rajarse por las rodillas, y así todo. ¿Qué afición es esta de coleccionar harapos, os preguntaréis como se pregunta mi madre? Bien, hay dos razones: no me gusta gastar dinero en ropa y no me gusta ir a comprarla.Normalmente me pongo algo una y otra vez hasta que al fin se rompe o degenera tanto que mi madre dice "¿Pero cómo sales así a la calle? ¿No te da vergüenza?". Yo digo que no sé de qué me habla y pongo caras raras, y al día siguiente mi madre sale a comprar vestuario para los próximos diez años. ¿Qué compra? Me da igual. Ojalá viviera en la selva y pudiera ir en taparrabos.Al principio, cuando mi madre volvía con la ropa nueva, yo miraba las etiquetas y me escandalizaba. Aquellos precios me parecían obscenos para un trozo de tela. Al cabo de un tiempo me acabé haciendo a la idea de que aquel era el precio de la ropa, y que la gente pagaba eso y más, y además encantados. A pesar de haberme adaptado a aquella nueva realidad, la mayor de las veces me resulta obsceno gastar tanto dinero en ropa.Y me repatea ir a comprarla. Venga a mirar trapos por aquí, por allá, que si ahora me pruebo estos tres pantalones, a ver cómo quedan con estas camisetas, y joder qué precios. Un circo. Hace unos años decidí ir por mí mismo a comprar ropa interior de manera urgente, creo que con motivo de mi inminente viaje a Nantes. Al llegar al templo del consumismo textil, descubrí con vergüenza que desconocía mi talla de gallumbos y, de rebote, la de calcetines. Ya sé que hay métodos más o menos científicos para dilucidar la talla de uno, al menos para los calcetines, pero el descubrir que ni siquiera estaba capacitado para comprar ropa interior con ciertas garantías me hizo agachar la cabeza y de nuevo delegar en mi madre. Triste pero cierto.Hace poco tuve la oportunidad de ir de compras con una amiga, experiencia sobrenatural que no dejo de recomendar a todo aquel que lo tenga a su alcance. Las mujeres están hechas de otra pasta para estas cosas. Los hombres disfrutan practicando el fútbol, el sexo, viendo en la tele motos o coches dar vueltas, viendo el Equipo A o el coche fantástico dar caña, jugando al ordenador, programando, dibujando, tocando la guitarra o la batería, tirando piedras al agua... Las mujeres disfrutan comprando.Lógicamente tal especialización les ha llevado a un nivel de dominio de la materia que un hombre jamás podrá alcanzar en ninguno de sus hobbies, simplemente por el hecho de que reparte su tiempo entre todas las tonterías de las que gusta. Las mujeres leen en el Elle y en el Cosmopolitan lo que se lleva y se lanzan a la caza. Su cerebro está adaptado a esta actividad, dividiéndose en el hemisferio Zara y el hemisfero Mango, con el lóbulo frontal adaptado a la localización de oportunidades y el bulbo raquítico especialmente desarrollado para la selección de complementos (bolsos, zapatos y cinturones).Cuando un hombre entra en una tienda de ropa ya sabe lo que se va a comprar, va a adquirir cierto artículo que necesita. Tiene una idea de lo que va a gastar y pretende que el trámite sea lo más corto y sencillo posible. Se pasea entre la ropa expuesta sin rozarla, y cuando llega al punto de destino mira las prendas con respeto y apenas se atreve a tocarlas. Selecciona lo que cree que le va a venir bien y se va al probador con la esperanza de haber acertado.Cuando una mujer entra en una tienda de ropa, tiene una vaga idea de lo que quiere, pero está abierta a cualquier cosa que aquel maravilloso mundo de sensaciones le pueda ofrecer. Si algo le queda bien, le importa bien poco lo que le pueda costar (dentro de un orden lógico, claro). Pasea con desparpajo entre la ropa expuesta, descolgándola, manoseándola, desenrrollándola y arrojándola después con desprecio para que el loro pintarrajeado que atiende la tienda la tenga que doblar y colgar luego, faltaría más, que para eso está. Así pues, pasan cual torbellino revolviéndolo todo, cogiendo no sólo lo que se quieren comprar, sino también posibles combinaciones y otras cosas que no van a comprar pero "que quieren ver cómo les queda". Se encierran en el probador, que tiene más cola que el baño de tías de una discoteca, y se tiran allí media hora. Mientras, el novio espera fuera con las bolsas de toda la porquería que la interfecta ha comprado ya. Encontrar a dos novios cargados de bolsas que esperan y cuyas miradas se cruzan demostrando comprensión mutua no tiene precio.Las diferencias entre hombres y mujeres son evidentes, y este gráfico lo ilustra en una pieza. No nos gusta comprar ropa, qué le vamos a hacer.Hace poco acompañé a un amigo a comprarse un traje para la clásica entrevista de trabajo. Tras pasar por tres tiendas, si algo había quedado claro era que todos los vendedores de trajes pierden más aceite que un cárter sin juntas. Es algo impresionante. Yo creía que la fuerza gay se localizaba en la marina americana y en los trabajadores del metal, pero no, puede que eso sea en los USA; aquí venden trajes. No es que tenga nada en contra de ello, de hecho lo encuentro ventajoso: cuando te pruebas el traje no sólo te aseguras de que no te tira la sisa, sino que además sabes que vas a estar rompedor porque el vendedor te lo ha dicho, y con lo que entiende, será cierto. Quince días más tarde tuve que ir yo a comprarme otro traje, y lo liquidé en 10 minutos en oportunidades del Corte Inglés. Sesenta euros y diez minutos. Ni siquiera hubo que arreglármelo. Eso sí, tengo que confesar en mi modestia que estoy que crujo. Con decir que el traje que tenía anteriormente databa de hace 10 años y aún me venía como un guante.Y por último, la ropa en el colegio. Mi colegio no era de esos en los que los nanos van uniformados como si los niños fueran a la mili y las niñas a rodar una película porno. Y es una putada, porque parece que no pero el uniforme pone a todo el mundo a la misma altura y evita la discriminación. Recuerdo que si un día iba al colegio con vaqueros Perry, sabía que iba a estar expuesto a burlas y a chanzas varias, y que las tías buenas de mi clase se iban a reír de mí más de lo normal. Por entonces se llevaban prendas Chipie y otras mariconadas de moda, así como los Levi's que siempre han sido baza segura. Es impresionante el nivel de discriminación al que se puede llegar en el colegio sólo por lo que uno lleva puesto. Y eso en mis tiempos; ahora te tienen que dar una paliza por llevar unas zapatillas baratas.Por otro lado, lo de los uniformes es curioso. Como he dicho, una panda de mocosos indocumentados vestidos de uniforme parece la guardia republicana de Husein. Sin embargo, las niñas se lo montan para ir en plan Lolita desde bien pequeñas. Los padres se creen que las ponen a salvo y lo que hacen es ponerlas como si fueran actrices de película porno de serie B. ¿Por qué llevan falda cuando lo más recio serían unos pantalones negros de pana? ¿Las coletas vienen con el uniforme? Y luego se quejan porque desequilibrados mentales se pasean por los colegios con una gabardina gris.Como se puede observar, el mundo de la ropa tiene mucha tela (hoy estoy especialmente ingenioso).
8.8.05
Concertàs!
El muntatge no estava gens malament. Dues pantalles permetien veure la cara a Bono, The Edge, Adam Clayton i Larry Mullen en tot moment, i al fons, cap a la tercera canço, va apareixer la mega pantalla, que no tenia una qualitat increïble, però era espectacular.
80.000 persones van omplir el camp nou (la veritat és que no hi cabia ni una agulla) i van poder gaudir del concert que, amb sort, no serà l'últim d'aquest grup al que faré acte de presència.
7.8.05
5.8.05
1a setmana
Bé... D'aquí una horeta i escaig haurà acabat la 1a de les 4 setmanes d'agost, i la veritat és que no ens podem queixar. En Javi ha estat malalt, pel que sembla alguna cosa de les noces de la seva cosina li va sentar malament... Déu n'hi do quina manera de començar les vacances... Clar que potser ha marxat al Carib i ens trucava des d'una platja d'arena blanca, palmeres altes, i amb una piña colada a les mans...
Així que com que no hi era, m'he hagut de quedar cada dia fins les 20, en comptes de plegar a les 18. 2 horetes més al dia, en total 10 horetes més. Però clar, impossible negar-s'hi. Bé, impossible tampoc... però difícil, sobretot després del regal de divendres.
Es tractava d'un sopar de feina pre-vacacional sense més, però ens vam endur una sorpresa quan, després d'agraïr-nos l'esforç que fem tenint en compte els canvis d'horaris, desplaçaments, etc., el Cap ens va donar a cadascun de nosaltres un xec per una nit d'hotel per a 2 persones, a escollir dins dels disponibles en una guia. Ens vam quedar de pedra!
El més curios és que vam fer broma de la situació "Sobretot que no serveixi de precedent! Que no perquè us hagin regalat això vol dir que us hagueu de quedar sempre que us ho demanin!" "Clar que no, però si no suposa un inconvenient massa greu, doncs no hi ha problema"
I ni fet expressament, dilluns en Javi no ve. El Cap m'agafa per banda i em diu "Et vaig a fer xantatge emocional... Què et va semblar el regal?" "De conya" li dic jo. I llavors de seguida em va demanar a quina hora pensava plegar. No cal dir que li vaig dir a les 20.
Bones vacances!!!
2.8.05
D'orella a orella

Hi ha moments en que notes que la vida et somriu, i no ho fa tímidament, més aviat el contrari: mostra tot el seu esplendor contagian-te una il·lusió que no saps ben bé d'on surt, però que sents que t'omple, i a més a més t'agrada. A vegades ho combina amb una picada d'ullet, i no costa massa adonar-se'n que en aquell moment res ni ningú et pot espatllar el dia.
Sortint de la feina un ventet suau apaivagava l'escalfor del sol, i jugava entre les cames d'una noia que lluia una faldilla rosa, i feia el possible perquè no s'aixequés més del que tocava. En cap moment ha passat res que l'hagués pogut posar vermella de vergonya, i crec que en veure que m'hi fixava i que d'alguna manera comprenia per quina situació estava passant també l'ha fet somriure a ella.
A ritme de "New York, New York", "They can't take that away from me" i "I've got you under my skin", swinguejant per la Diagonal, els semàfors s'han anat posant verds tal com arribava, com si m'esperessin i alhora no em volguessin fer esperar (tot un detall per part seva) així que en un tres i no res he arribat a casa, he dinat i m'he disposat a tornar a la feina, tan content com n'havia marxat.

